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Cómo funciona el golpe contra Cristina

Politica

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Por Dante Caputo (tiempo estimado de lectura ´5)

Hace un año escaso que la Presidenta inició su segundo mandato. ¿De qué fin de ciclo hablan los que anuncian que los idus de marzo han llegado? ¿Vamos a vivir tres años de fin de ciclo? ¿O estarán pensando en el acortamiento de mandatos? Si fuera así, estaríamos frente a golpistas que no respetan lo único que conquistamos en treinta años, la democracia. Los errores de estos últimos años serían pecados veniales comparados con esta traición.

 

Como es sabido, si dentro de un tren inmensamente largo que avanza, por ejemplo, a 9 km/h usted caminara en sentido contrario a la misma velocidad, ambos se moverían, pero lector, su velocidad respecto del suelo sería cero. En esta situación, todo se mueve, pero usted no avanza.

Esta tosca reminiscencia de la Teoría de la Relatividad es, creo, una buena forma de describir lo que sucede en Argentina. Es útil recurrir a la analogía porque el peligroso sentido común indica que cuando hay movimiento, hay cambio. Esta es otra de las tantas suposiciones equivocadas a las que induce la creencia que el sentido común puede fundar el conocimiento (por ejemplo, es obvio que el Sol gira alrededor de la Tierra pero, como se sabe, es falso).

El gobernador Daniel Scioli afirmó hace pocos días que nos acercamos al fin de un ciclo; el señor Hugo Moyano anunció, como más beligerancia, algo similar; la inmensa movilización del 8 de noviembre generó ríos de tinta augurando el inicio de una nueva era.

Siento contradecir la opinión de importantes dirigentes y respetables analistas, pero hace casi un siglo que la velocidad de los acontecimientos –como los que excitan a nuestro país este tiempo–sólo sirve para esconder la inexistencia del cambio.

Mi amigo Jorge F. Sabato repetía que la Argentina se parece a un trompo que gira sobre sí mismo a una velocidad vertiginosa mientras se traslada de manera exasperantemente lenta. Todo se mueve, pero estamos quietos.

Las trompetas del cambio son demasiado estruendosas para distinguir alguna melodía. Los profetas de la transformación, pronosticadores de los ciclos que concluirán, nos mantienen con delicadeza en el misterio sobre la naturaleza de la era que se abriría luego del colapso de la actual. En cambio, quienes observamos los corsi e ricorsi de nuestro país preferiríamos algún indicio de lo que vendrá luego del ciclo Kirchner.

Para alguno de nosotros el temor es que regrese algo de lo ya conocido que cuando a su vez fracase dará lugar a una historia parecida a la que estamos viviendo. Me refiero a las idas y vueltas que dominan nuestro país desde hace décadas entre minorías especuladoras y populismos, donde el fracaso de uno genera el renacer del otro y así sucesivamente en movimientos frenéticos que esconden el estancamiento de la Argentina.

Mis sospechas sobre la intensidad de los retornos se convirtieron en certidumbre cuando viendo el Canal 7, la TV pública que sólo tiene de tal los fondos con que se financia, me encontré con la transmisión, reiterada, de charlas de Mario Firmenich explicando la naturaleza de la transformación revolucionaria. La imagen parecía más bien algo irreal, traída desde el fondo de alguna nostalgia vengativa. Era, en todo caso, un testimonio mayor de que hasta Firmenich puede reiterarse.

Hace un año escaso que la Presidenta inició su segundo mandato. ¿De qué fin de ciclo hablan los que anuncian que los idus de marzo han llegado? ¿Vamos a vivir tres años de fin de ciclo? ¿O estarán pensando en el acortamiento de mandatos? Si fuera así, estaríamos frente a golpistas que no respetan lo único que conquistamos en treinta años, la democracia. Los errores de estos últimos años serían pecados veniales comparados con esta traición.

Cierto, no hay golpe clásico. Los militares no se quieren mezclar en estas historias. Pero ya se han inventado otros métodos para interrumpir el período constitucional. En América latina, en las últimas dos décadas ha habido 17 casos de interrupción del mandato presidencial. Si intentaran algo así en nuestro país, obviamente buscarían, como en Paraguay, la forma para que no parezca un golpe. Pero, cualquiera sea la apariencia, la democracia dejaría de funcionar. No saldríamos indemnes de un reiterado uso de este mecanismo.

La inmensa mayoría social que se opone al Gobierno no usa un lenguaje golpista. Parece, más bien, gente con buenas razones para estar exasperada. Sin embargo, pueden convertirse en engranajes funcionales para quienes prefieren una democracia dominada, donde el voto sea un rito y las mayorías, una muchedumbre sin voluntad ni soberanía. Esta mayoría social que rechaza al Gobierno prefiere ignorar lo que vendrá; no quiere pensar lo que su desacuerdo –sin buscarlo– podría engendrar. Puede no advertir que su reclamo, siempre legítimo –sea fundado o no– probablemente sea usado.

Algunos pocos, los más ruidosos, son personajes que buscan disponer el terreno para su poder personal, preparando el futuro o avanzándolo. Miserable denominador común que envenena la vida política.

¿Cómo imaginan lo que sigue quienes hablan de fin de ciclo? ¿Qué cambiaría? ¿Qué políticas producirían la gran diferencia? Y lo más importante, ¿quién tendría el poder real? ¿En manos de quiénes entregaríamos nuestro destino luego de que la turbulencia de los acontecimientos, que algunos anuncian, se calme?

La respuesta es sencilla, ¡la vimos tantas veces! Tomaría el poder nuevamente la derecha. No las derechas formales, las que están organizadas en partidos. Quizás ganen una elección quienes profesan la religión conservadora, pero no serán ellos quienes tendrían el poder. Volvería la minoría que desde hace décadas ha dominado a la Argentina. Los especuladores de siempre, los autores de escritorio de la mayoría de nuestros dramas. Me refiero al establishment, ese sector social que hace las veces de clase productiva, pero que deriva sus ganancias de la especulación y del control sobre el Estado y las políticas públicas. Por eso 1930, 1955, 1962, 1966, 1976 y, así, hasta los recuerdos más cercanos.

Créame, lector, no pienso que la Presidenta sea antiimperialista ni anti-establishment. Cuida esos frentes con silencio y disimulo. Pero allí, en el establishment, se mueven los personajes que tienen una extensa experiencia en “ir por todo”. Son quienes, detrás del escenario de las movilizaciones y las declaraciones políticas, preparan su retorno.

Lector, no me interesa en absoluto promover la salvación del gobierno de la última década, que ha desaprovechado una oportunidad histórica que nos ha dado el mundo para transformar la Argentina. Mucho menos, la perpetuación en el poder de su titular. Me importa muchísimo, en cambio, que no matemos a nuestra democracia y evitar que regresen al poder las tribus sedientas de los Martínez de Hoz.

Fue en 1984. El señor Guillermo Alchouron, presidente de la Sociedad Rural, me invitó a su casa. Cuando llegué, me estaban esperando hombres con los que nunca tuve ni tendría que ver, como Adalbert Krieger Vasena –ministro de Economía de Onganía–, Arnaldo Musich –operador de los intereses británicos– y varios otros.

Nos sentamos y uno de ellos me dijo, con la formalidad que convenía, el anuncio que siguió: “Ministro, nosotros somos el establishment”. Luego, así como se lo cuento, lector, me ofrecieron una alianza que rechacé. Todo tan simple, tan claro, tan impúdico.

Sentí el placer del astrónomo que descubre un nuevo planeta y el terror del niño que siente sobre su hombro la mano del fantasma.

El establishment no es un concepto. Vive y quiere regresar.

(Perfil)

 

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Comentarios   

 
0 #13 Eloy 20-07-2014 09:04
It's really a great and useful piece of info.

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-1 #11 Marcos 03-12-2012 09:57
Acabo de darme una vuelta luego de varios días y veo que no le han cambiado el título a la nota por el original con que la ideó su autor, y no figura ninguna aclaración ni advertencia...¿ Debo concluir que el o los administradores del site avalan este tipo de tergiversación? Ah, claro...qué bobo soy: es la nueva pluralidad de voces pregonadas desde arriba. Y pluralidad de títulos, evidentemente. Es 1 chotada, ya sé, pero esto va de mal en peor, amigos. Escupen p' arriba...
 
 
0 #10 Clau 29-11-2012 11:35
Excelente la nota de Caputo. Por fin un escrito serio sobre la realidad argentina (a pesar que le erró con la Teoría de la Relatividad: en el ejemplo del tren y la persona usó un concepto de Cinemática Relativa, de la Mecánica Clásica). Mas allá de la aclaración basada en la Física, me resulta indignante el comentario de algunos como "fernando": si bien todos tenemos derecho de opinar, antes hay que estar bien informado (o informado como se debe).
 
 
0 #9 Marcos 29-11-2012 06:26
Otrosí: No sabía que el título de la nota era otro. Resulta de una bellaquería inadmisible postear algo tergiversando el título original del autor, especular con su esfuerzo intelectual y usar su trabajo para acarrear agua hacia el molino del posteador, alguien evidentemente surgido de los deshechos de la putrefacción kirchnerista. ¿Se entiende ahora por qué la gente está tan caliente con Uds.? Si lo van tergiversando todo al andar y escribiendo una falsa historia...¿qué esperan que suceda de bueno?
 
 
-1 #8 fernando 29-11-2012 04:23
Caputo defendiendo a estas mafiosos??? Se me cae un ídolo..
 
 
-1 #7 horacio castro 29-11-2012 01:34
estoy en un casi todo de acuerdo, señor, solo, a mi ver, hay algo q no concuerdo y es q esta ves no lo vamos a permitir, CUESTE LO Q CUESTE!!!, y sabe por q?, por q mi generacion estamos jugados, ya no arruinaron la vida estos chorros de guante blanco,Y POR MIS NIETOS, NO LO VAMOS A PERMITIR, ¡¡¡¡cueste lo que cueste!!!!!
 
 
-1 #6 Andrés45 28-11-2012 18:04
Totalmente de acuerdo con Dante Caputo. ¡Demasiado inteligente para poder tener éxito como político en la Argentina!
 
 
-1 #5 Juan Facundo 28-11-2012 15:47
Qué fiasco!!
Adulteraron el título de la nota de Caputo.
Caputo, no habla de Golpe de Estado a Cristina, sino que titula: "Sucesión y Estáblishment"
La nota original la pueden consultar en: http://www.perfil.com/ediciones/2012/11/edicion_730/contenidos/noticia_0061.html
 
 
0 #4 Juan Facundo 28-11-2012 15:47
Qué fiasco!!
Adulteraron el título de la nota de Caputo.
Caputo, no habla de Golpe de Estado a Cristina, sino que titula: "Sucesión y Estáblishment"
La nota original la pueden consultar en: http://www.perfil.com/ediciones/2012/11/edicion_730/contenidos/noticia_0061.html
 
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