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"No es el incesto lo que se manifiesta sino la lucha por no caer en él"

Reportajes

Reportaje a Josefina Recio, directora teatral de La Marea, Ultimo Corte. (Sábados 20 horas en No Avestruz)

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 ¿Cómo fue la idea de hacer jugar al incesto que flota y transita durante buena parte de la obra?

Nunca me propuse jugar sobre una idea. No tenia personajes ni historia ni tema. Solo una imagen muy fuerte de la que se fue desprendiendo cada escena. Intente no forzar el material ni subordinarlo a mis juicios. Solo escuche y vi lo que se iba desplegando a partir de esa primera imagen generadora. Dejar que los personajes aparezcan, que el espacio se revele, estar atenta y no manipular sino acompañar ese devenir. Un gran trabajo de aceptación, un ejercicio de honestidad.

 

En este sentido no jugué con el incesto. A los personajes que están bajo circunstancias determinadas, les suceden cosas, complejas, contradictorias, que hacen que esta pulsión que nada en fibras muy intimas, a la que no encuentran como encausar y a la que ni siquiera pueden nombrar, ya que ello implicaría una aceptación, los deja debatidos en un ser o no ser.

No es el incesto lo que se manifiesta sino, en todo caso, la lucha por no caer en él.

¿Cómo trabajaste sobre los personajes en esa lucha permanente entre la tensión de quedar atrapados en una relación simbiótica y la búsqueda de la libertad?

En principio comprendiendo lo que les sucede. Amar es un acto complejo. Nunca es unidireccional. Este padre y esta hija se aman inmensamente. Se necesitan. Son lo único que tienen. A la vez este amor en su intensidad los ahoga, los aísla, los oprime. Como dice Carmen "resisten" pero esto no se puede sostener en el tiempo, cansa, debilita, es necesario pasar a un acto "violento". Que rompa, libere, y abra otro cauce. Ejecutar este acto puede llevar una vida.

Comprender esto con los actores fue fundamental para no caer en estereotipos y darle dimensión a los personajes. Habitar el conflicto, pasarlo por el cuerpo, transitar los diversos y contradictorios estados, hace que los veamos y acompañemos en su búsqueda.

¿Qué quisiste movilizar en el público con tu obra?

No me propuse movilizar al público. Si esto sucede es una consecuencia de la vitalidad, de la potencia del trabajo y del tema que llega y moviliza según la experiencia personal de quien lo ve.

Cuando un espectador te dice " ahora no puedo hablar, estoy muy conmovido" entonces confirmo una vez más que la obra se completa con esa mirada. Pero no es anticipada. Sucede durante el acto mismo de entregar y recibir. Ahí es donde si hay algo, la cosa se mueve, se comparten fluidos, no es un intercambio de porque yo te doy vos me das. No lo creo así. Sino seria una transacción. Y creo que va más por llegar a esos puntos donde los limites de uno y otro se funden. Se vuelve uno. Pero a la vez no me pierdo. Soy con el otro.

¿Cómo es el contexto para llevar adelante este tipo de propuestas del teatro “off”?

Hay muchísima oferta en la cartelera porteña y esto hace que debamos esforzarnos mucho, tanto en conseguir financiación económica como en convocar público. Es muchísimo trabajo, si bien nosotros contamos con el Centro Cultural Ricardo Rojas, Proteatro, y las menciones por el Germán Rozenmacher al texto y los Florencio Sánchez a la escenografía, nada te asegura la permanencia. Mantenerse en cartelera es un trabajo que trasciende lo artístico.

Quizás debamos preguntarnos acerca de esto. Qué y cómo queremos producir. Y si las estructuras de hoy nos contienen o nos asfixian.

Creo, en lo personal, que debemos abrir nuevos espacios para llegar a otros públicos. Y no terminar actuando para el mismo circuito de siempre.

 

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