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El zapallito relleno que me salvó de la dictadura

Sociedad

Una cena entre compañeros del colegio disparó esta historia que mezcla infancias, comidas, resistencias y desaparecidos.

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Por Gabriel Bari (Tiempo estimado de lectura 2´)

Si me daban 1000 oportunidades para adivinar qué iba a haber de comer anoche, creo que no habría acertado. Me imagino a Gerardo imponiendo o sugiriendo el menú a Mónica, porque el menú de ayer seguía una linea experta, que arrancó con los tradicionales bollos de verdura con (medio) huevo, uno por persona. También me puedo imaginar que envió la foto de Mónica vaciando zapallitos para ocultar el hecho de que el trabajo lo hizo él mismo, que Mónica se puso nada más para la foto y que la verdadera foto, la mejor, es la de Gerardo con el delantal puesto pelando los zapallitos.

La cuestión es que el concepto mecshi o meshi viene de la idea forzosa, de la necesidad, de hacer estirar la carne mezclándola con arroz. Así hay meshi de zapallitos, de berenjena, de morrón rojo, de zanahoria e incluso de papa. En todos los casos se le quita zanahoria a la zanahoria o papa a la papa, etc., algo parecido a lo que hacen los escultores con los bloques de piedra, y se introduce la mezcla en el vacío, y de ahí a la olla.

Cuánto mayor era la malaria de nuestros ancestros menor era la proporción de carne con respecto al arroz. Lo que se buscaba era equilibrar la dieta, o dicho de otro modo, se buscaba hacer equilibrio con lo que hubiera y, a la vez hacer de la cocina el corazón de las casas o quizás la casa misma, el lugar donde a través de los olores de las ollas grandes se filtraba toda la alegría que cabía en el mundo. Porque esa pobreza se festejaba y las madres y abuelas cocineras, levantaban en esas cocinas los altares donde eran adoradas. Con el tiempo, incluso ayer, aunque las cosas mejoraron, se conservó y se reprodujo la receta hasta el infinito.

El viernes 23 de abril de 1976, la noche anterior a mi detención, mi mamá preparó meshi de berenjena, cenamos con mis viejos y mis hermanos en la casa de la calle Charcas. El 24 al mediodía, antes de salir para mi cita en Acoyte y Rivadavia, me calenté los restos de la cena del viernes. No sé por qué, quizás porque están más concentrados los sabores… pero a veces la comida recalentada, la que tenés que raspar del fondo de la olla para servirte, es más sabrosa que la del día anterior. Mi vieja me dijo no desaparezcas, en un momento en que esa palabra todavía no tenía una connotación especial, la saludé y marché para la cita con mis compañeros. Y terminé desaparecido.

Siempre pensé y todavía creo que ese almuerzo fue una de las causas de que resistiese todos esos días sin comer, de que la muerte no me haya alcanzado joven, de que haya tenido un resto físico, una reserva de fuerzas a base de mecshis de berenjena recalentados.

Lo definitivo es que ayer hubo coherencia conceptual, que no fue improvisado, que la cena fue debatida y ejecutada, para el propio deleite de los anfitriones y para enseñar y transmitir a los descendientes de polacos, rusos, tanos y gallegos la versión posta de un mundo que no se apaga.

Agradezco de corazón, la cena y toda la noche de ayer. Parecía que los anfitriones supieran que de alguna manera simbólicamente el “mecshi” me había salvado la vida de las garras de la dictadura.

 

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Comentarios   

 
0 #2 Marquis 26-03-2017 20:39
Un diabético necesita incluir fibra a su dieta,
en tanto que esta regula los niveles de azúcar
en sangre, sobretodo la fibra soluble.

Also visit my page Jada
 
 
0 #1 Daniel de cabashito 14-02-2016 19:50
Sí. Es muy posible que haya sido el meshi lo que salvó tu vida. También es muy posible que haya sido el amor contenido y concentrado por el recalentamiento . O puede haber sido alguna otra razón. Quién sabe si alguna vez lo sabremos con certeza!
De lo que sí podemos estar seguros es de que tu garra por quedarte de este lado habrá sumado lo suyo, y por eso voy a celebrar cada vez que tenga la oportunidad de comer meshi.
Solo lamento que estos días nos traigan una perspectiva un poco más oscura desde donde evocar esos tristes momentos de nuestro pasado, pero espero que meshi, amigos y determinación mediante, también esto que hoy vivimos se convertirá en un pasado que nos devuelva una canción de lírica dolorosa y melodía alegre que se canta con amor.
 
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